Hoy llegué a la conclusión de que soy diferente. Veo a Lula y
las otras chicas de la escuela y son completamente distintas a mí. Es más, no
me gustaría ser como ellas. Sus únicas aspiraciones son tener hijos, muchos
hijos, un marido y saber complacerlos con comidas o calcetines calientes. Pero
yo quiero más, puede que sea egoísta, pero no quiero aspirar solo a cuidar de
una casa.
Hace semanas que llevo pensando en esto. En todos los roles
de la sociedad en que vivimos. ¿Por qué los hombres trabajan en el campo y no
las mujeres? ¿Por qué las mujeres cocinan y cuidan de los niños, y no los
hombres? No será porque no sepan, porque una vez mi hermano Lamar se ofreció a
aprender a cocinar, estaba más que dispuesto al ver que a mí me estaban
enseñando, pero mi madre se negó y le contestó: “No, los hombres ya tienen a
sus esposas para que les cocinen”. Es una cuestión de honor y dinero. A una
Tate no la pueden ver trabajando en el campo ni a un Tate cocinando pasteles.
El otro día le dije a Lula que quería ir a la universidad
puso una cara de horror. Ya no me imagino la cara que pondría mi madre si se lo
dijera a ella. Se desmayaría y luego cuando se despertara me obligaría a
terminar los infinitos calcetines de mis hermanos o a cocinar para más de
veinte personas. En cambio cuando se lo he dicho al abuelo esta noche mientras
observábamos la última luciérnaga del año me ha dado esperanzas. Me habló del
elemento químico de la señora Curie, del pterodáctilo de la señorita Anning y
también de la señorita Kovalevsky y sus ecuaciones. Fue una información
electrizante. Sentí que ya no estaba sola, que ahí fuera había más de mi clase
y también que ahora tenía oportunidades.
Supongo que yo nunca seré una buena esposa, porque no sabré
cocinar para mi marido a este paso, si encuentro un marido claro, porqué,
¿Quién quiere casarse con Calpurnia, la chica que solo cocina sándwiches y
huevos cocidos y que hace el cuello de puntillo desigual? Nadie. Vivimos en un
mundo en el que hacemos lo que nos enseñan aunque no nos enseñen lo que
queremos hacer. Así cuando nacemos estamos destinados a seguir a la madre hacia
la cocina o al padre hacia el campo. Pero yo no, soy diferente.