miércoles, 2 de diciembre de 2015

SUEÑOS EGOÍSTAS Y REVOLUCIONÁRIOS

Hoy llegué a la conclusión de que soy diferente. Veo a Lula y las otras chicas de la escuela y son completamente distintas a mí. Es más, no me gustaría ser como ellas. Sus únicas aspiraciones son tener hijos, muchos hijos, un marido y saber complacerlos con comidas o calcetines calientes. Pero yo quiero más, puede que sea egoísta, pero no quiero aspirar solo a cuidar de una casa.

Hace semanas que llevo pensando en esto. En todos los roles de la sociedad en que vivimos. ¿Por qué los hombres trabajan en el campo y no las mujeres? ¿Por qué las mujeres cocinan y cuidan de los niños, y no los hombres? No será porque no sepan, porque una vez mi hermano Lamar se ofreció a aprender a cocinar, estaba más que dispuesto al ver que a mí me estaban enseñando, pero mi madre se negó y le contestó: “No, los hombres ya tienen a sus esposas para que les cocinen”. Es una cuestión de honor y dinero. A una Tate no la pueden ver trabajando en el campo ni a un Tate cocinando pasteles.

El otro día le dije a Lula que quería ir a la universidad puso una cara de horror. Ya no me imagino la cara que pondría mi madre si se lo dijera a ella. Se desmayaría y luego cuando se despertara me obligaría a terminar los infinitos calcetines de mis hermanos o a cocinar para más de veinte personas. En cambio cuando se lo he dicho al abuelo esta noche mientras observábamos la última luciérnaga del año me ha dado esperanzas. Me habló del elemento químico de la señora Curie, del pterodáctilo de la señorita Anning y también de la señorita Kovalevsky y sus ecuaciones. Fue una información electrizante. Sentí que ya no estaba sola, que ahí fuera había más de mi clase y también que ahora tenía oportunidades.


Supongo que yo nunca seré una buena esposa, porque no sabré cocinar para mi marido a este paso, si encuentro un marido claro, porqué, ¿Quién quiere casarse con Calpurnia, la chica que solo cocina sándwiches y huevos cocidos y que hace el cuello de puntillo desigual? Nadie. Vivimos en un mundo en el que hacemos lo que nos enseñan aunque no nos enseñen lo que queremos hacer. Así cuando nacemos estamos destinados a seguir a la madre hacia la cocina o al padre hacia el campo. Pero yo no, soy diferente. 

ALFABETO DE LA NOVELA