Era otro día caluroso de verano, y ya había salido el sol. Estaba
sola debajo de la sombra del porche de la casa porque el abuelo había salido
temprano para buscar nuevos ejemplares de insectos para su colección, antes de
que yo me levantara, así que ahora no tenía nada que hacer. Ante el
aburrimiento, finalmente me decidí por coger mi cuaderno de investigación y
dirigirme al bosque para dar una vuelta y apuntar nuevas observaciones.
Empecé por apuntar el tiempo que hacía hoy, seguí con un nido
de conejos que había al lado de un árbol, y observé un pájaro que nunca había
visto, era de muchos colores, pero lo estaba dibujando cuando salió volando. Lo
intenté seguir por dentro del bosque hasta que llegamos a un claro y subió
demasiado alto y lo perdí de vista. Observé el lugar donde me encontraba. Era
un claro muy bonito, había un árbol justo en el medio de este, que parecía muy
viejo y gigantesco. Cuando iba a describir el lugar en el cuaderno oí el sonido
de los arbustos que se movían. Me asusté mucho. Creía que sería un animal muy
grande y peligroso así que me escondí
detrás del viejo árbol y esperé.
— ¡Vamos chicos! ¡Ya hemos llegado! —Escuché gritar a un
chico.
—Joe, no puedo más, esto pesa demasiado. — Escuché a otro.
—Eres un quejica, Patrick. — Se rió un tercero.
Llegaron a donde yo estaba y descargaros todo lo que llevaban
dentro de unas carretillas.
—Venga, a trabajar. Esto tiene que quedar perfecto. —Dijo el
primero.
Todo tipo de pensamientos pasaron por mi mente, ¿Están
enterrando un cuerpo? ¿Me harán algo si me ven? ¿Soy lo bastante rápida para
salir corriendo sin que me cojan? El miedo me impidió moverme, así que me quedé
escondida aguantando la respiración y esperando a que se fueran.
—¿Quién eres? —me dijo uno de ellos. ¡Me habían encontrado! No
me salía la voz, tenía mucho miedo.
—¿Con quién estas Biaggio? ¿Otra vez hablando solo? Eres muy
raro, chico. —Le dijo su amigo que aún no se había percatado de que yo estaba
ahí.
—No te vamos a hacer nada, vamos sal de aquí. —Me dijo el
chico al que antes llamaron Biaggio.
No tenían pinta de asesinos, así que decidí salir de mi
escondite.
—¿Quién es ella? —Pregunto un chico.
—Me llamo Calpurnia. –Les dije tímidamente.
—Yo me llamo Biaggio. —Dijo el que me había encontrado. —El
de la pierna rota es Patrick y el otro se llama Joe. —Me los presentó.
—¿Qué estáis haciendo? —Me atreví a preguntar.
—¿Se lo contamos? —Le dijo Patrick a Joe.
—¿Y si se lo dice a alguien y vienen a por nosotros? —Le
contestó Joe.
—Ahora que nos has visto, debes prometernos que no se lo vas
a contar a nadie, es muy importante para nosotros. —Dijo Patick, dirigiéndose a
mí.
—Lo prometo. —Le contesté.
—Estamos aquí para construir una cabaña, este será nuestro
lugar. No queremos volver a casa. Queremos ser libres. Hacer lo que queramos,
sin que nuestros padres nos castiguen o nos dejen en ridículo. Así que un día
encontramos este maravilloso lugar. Por favor no le digas a nadie que nos has
visto. —Me explicó Joe. —¿Y tú que estás haciendo por aquí?
—Vivo al final del bosque en una casa junto al río. Estaba
buscando nuevos animales para apuntar en mi cuaderno de investigación, cuando
vi un pájaro muy interesante, así que lo seguí y llegué aquí. —Les conté.
—¿Quieres que te acompañemos hasta casa? Este bosque puede
ser peligroso si es la primera vez que vienes.—Me ofreció Patrick amablemente.
—Tranquilos chicos, me conozco este sitio. Suelo venir por
estos alrededores con mi abuelo para buscar nuevos ejemplares de insectos para
nuestra colección. —Les dije.
—De acuerdo. De cualquier modo, ten cuidado. —Dijo Biaggio
mientras descargaba la madera y las herramientas de las carretillas.
—Adiós. —Les dije a todos.
—Adiós Calpurnia. —Me contestaron a la vez.
Y luego me fui de ese bonito lugar. Vivir en el bosque
parecía divertido al principio, como ir de acampada, pero construir una casa
seguro que les sería muy difícil. Aunque se les veía con muchas ganas. Seguro
que lo conseguían.
Llegué a casa con facilidad, me conocía el lugar de sobras.
Entré en la casa en el momento justo en que Viola tocó la campana para comer.
Me lavé las manos, me peiné un poco, y me senté en la mesa como si nada hubiera
sucedido. No los iba a delatar.
"The kings of summer" trailer: